Thursday, 14 April 2016

Another journal

A Spring day. 
A new journal. This time I have used clothes inner labels for parts of the cover as an addition to the usual news paper clips and other decorative papers.
Coffee's ready!



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Thursday, 31 December 2015

On the eve of a new year

It 's a few hours before the clock lands on a new year.
As with every period, one tends to reflect and ponder.
The page that I am about to turn is in fact a good number of pages, journal pages, annotations, quotes that helped me get by, chronicles of my travels, drawings and papers I pasted on my notebook, and also, silence.
Returning to the place where I grew up has made this year quite unique. I lived overseas for five years.
For all my life until now I used to feel awkward for not having had a straight forward path like most people seem to have. But as I look back I feel devoid of any such concerns and instead,embrace life exactly as it has been, as it is. It's the twists and turns and times of absolute doubt that brought meaning; moments I would not have lived had I chosen a predictable path.
I wouldn't change the struggle and the joy, and by the time the clock reaches midnight and the beginning of two-thousand-sixteen I will not wish for anything other than for life to keep constructing and deconstructing me. 




Georgia O'Keeffe is one of my favourite painters of all times. 



Tuesday, 29 December 2015

The spirit of Flamenco

Carmen. Teatro De Gollado. Guadalajara, México 

Yesterday I found these photographs from one of my last performances: Carmen.
I scanned the pictures which seemed so remote and so precious. It was almost as if I didn't recognise myself in them. And as poor as their quality is, they remind me of a time when I devoted myself to flamenco.
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Interestingly, Carmen was Bizet's final opera. It was presented to the public in 1875 and he passed away three months later and unaware of the enduring success it would have. He thought it a failure.

Saturday, 12 December 2015

La CIUDAD



Me gusta transitar por el centro de la ciudad donde las cosas son imperfectas y gritan a la vista con un sonido chillón y persistente.
De cuando en cuando una maraña de cables te hace voltear hacia arriba y se hace un pequeño silencio mientras ves un resquicio de cielo resguardado por el estoico edificio y un anuncio de letras tuertas que conoció mejores tiempos. 
Me encantan las misceláneas de abarrotes, abigarradas; con lustros de la virgen en tres dé pegadas tras el vidrio del mostrador, y en la pared un nicho diminuto con su veladora enmarcada por banderas del equipo de fut bol.

Las ópticas se repiten a cada cuadra, al igual que las sastrerías y los talleres de oficios igualmente repletos que los tendajones, pero éstos, de fierros y costras de óxido. 
Lo único que parece orgánico -sobretodo en los de reparaciones mecánicas- es una mujer que asoma su cuerpo voluptuoso por el calendario donde los números pasan a un segundo plano . 

Están también los personajes que rebotan del fondo al umbral de los locales como esas latas que traen una boa de alambre. Un momento antes no estaban y de pronto, una sonrisa magnificada te invita a pasar: "¿Qué va a llevar damita?." 
Hay perfumerías que imitan a las casas internacionales y en las cuales no falta la señorita de pestañas carbónicas que te quiere obsequiar una muestra mientras uno pretexta rebasar a alguien para torear el intento. Y aún así el aroma impregnado te acompaña durante un buen número de pasos.

Las panaderías son excepcionales, ostentan torres de pan dulce en espiral tras la vitrina y betunes desteñidos que se secaron como plástico resquebrajado al sol. 

Si uno tiene la fortuna de pasar por algún aparador de ortopedia podrá ver las ilustraciones de plástico resaltado del sistema nervioso o muscular y los torsos degollados con extremidades truncas que quizá Dalí curtió en sus lienzos como piel blanduzca en vitrolero. 

Dentro de este universo está el submundo conformado por las mercerías con más cosas de las que podrían caber. Las empleadas saben en dónde está cada cosa sin chistar; si acaso le preguntan a la vecina que parece estar más en control con sus uñas decoradas. 

La fealdad del centro me conmueve. Su retacería de imágenes me hace soñar despierta que soy directora del Neorrealismo.  Quiero anotarlo y retratarlo todo, aún sabiendo con una punzada de pena que este pez maloliente se escurre por mis dedos torpes.


        Calle de Mezquitán. Guadalajara, México